viernes, 22 de junio de 2007

Los buenos libros tienen su historia...

Voz de Anthony Browne, su autor
(Extraído de página web)

Voces en el parque es una reescritura de un libro que escribí e ilustré en 1977, A Walk in the Park (Un paseo en el parque). Durante mucho tiempo he querido contar un cuento desde los puntos de vista de los distintos protagonistas y este texto me pareció perfecto para ello. Es una historia simple de una madre y su niño llevando su perro de raza al parque, y de un padre y su hija llevando su perro mestizo al mismo parque. Los perros interactúan de inmediato, los adultos se ignoran mutuamente y los niños lenta y tímidamente comienzan a jugar juntos. Una amistad comienza a aflorar entre ellos pero son abruptamente separados por sus padres, quienes se los llevan a casa.


Decidí contar la versión que cada personaje se había hecho del día a través de las voces de ellos o ellas, y traté que cada voz se viera reflejada en el estilo de las ilustraciones de cada sección. La primer ilustración que observamos corresponde a la voz de la mujer y la muestra a ella llevando a su perro e hijo después de haberlo pescado hablando con “una niña andrajosa”. La versión de cada uno de los personajes sobre los acontecimientos tiene lugar en una estación diferente del año; la de ella es otoño. El parque que ella observa está muy ordenado y aseado (la única basura que se puede ver está atrapada en un pipote de basura con aspecto de jaula), los árboles han sido podados en figuras cómodamente redondeadas, y por todas partes vemos colores otoñales ricos y reconfortantes. Como ella está molesta con el comportamiento de su hijo yo intenté mostrar su humeante resentimiento y su ardiente cólera en los árboles que parecen estarse quemando. Mientras caminan hacia casa y dejan atrás la luz del atardecer del parque, se sumergen en una oscura sombra que anula a su hijo. Dejan una estela de hojas muertas tras ellos.

La segunda ilustración pertenece a parte de la versión del niño y vemos el parque desde su punto de vista. En lugar de usar las acuarelas que caracterizan mi trabajo, he usado líneas que además he lavado aquí con pequeñas líneas cruzadas trazadas con plumilla, en un intento de reflejar parte de la personalidad reprimida del niño. La estación es un invierno tardío o una primavera naciente y escogí una tipografía pulcra y espigada que espero también diga algo sobre el niño. Está literalmente parado en la sombra de su madre y la imagen dominante del sombrero de ella está repetida varias veces en la escena. Los colores son pálidos y fríos con toques de brillo que corresponden a las otras personas y perros que disfrutan de su libertad y se están divirtiendo. El cielo azul reflejado en los postes de luz posiblemente sugiere la esperanza por un futuro mejor. (Ciertamente los cielos se vuelven más azules luego cuando conoce a la niña). Originalmente todos estos personajes fueron pintados como personas, pero llegado un punto me encontraba insatisfecho y me hallé pintando sobre la cara de uno de ellos en el deseo de hacerlo más real, más humano y menos como una caricatura. Frente a mis ojos, mientras pintaba, se convirtió en un gorila. Funcionó. Y no sé por qué…

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